Hoy en día nuestro país enfrenta una situación compleja, durante años nos vanagloriamos del funcionamiento de nuestra institucionalidad, de la casi nula corrupción existente, mirando con cierto desdén al resto de nuestros países hermanos. Sin embargo, los últimos acontecimientos, y que según muchos han sido la causa de este “despertar ciudadano”, parecieran dar cuenta que vivíamos una ilusión. Carabineros acusados de inventar evidencia, de robarse los dineros públicos, al igual que los comandantes en jefe del ejército, delincuentes con trato preferente por  tener un apellido “influyente”, grandes grupos económicos acusados de redactar leyes a medida, por medio de parlamentarios comprados con el “raspado de la olla”, ex parlamentarios condenados por delitos ligados a la corrupción, sin ir más lejos, el propio presidente de la República, acusado de “triangulación” y conflicto de intereses, donde nuevamente aparecen los hijos de nuestras máximas autoridades, realizando operaciones millonarias a las que solo tienen acceso por su “linaje”, oportunidades, que por lo demás, nos están vedadas al resto de los ciudadanos.

Así las cosas, parece que nuestra apatía con la política, y la instalación en nuestras mentes de aquella frase “Salga quien salga voy a tener que trabajar igual”, nos están pasando la cuenta. Pues bien, debo reconocer que todo este caos, injusticias, corrupción, es en gran parte culpa mía, por cada vez que no fui a votar, o cuando lo hice por aquel candidato mas “lindo (a)” o simpático (a), por aquel que alguna vez me pago la luz o el agua, aquel que me entrego una canasta familiar, el que me ofreció trabajo “cuando saliera”, aquel que me mintió de manera más profesional, prometiendo hacer cosas que no eran factibles ni financiera ni técnicamente, y que por supuesto nunca se hicieron.

La culpa es mía por no saber la diferencia entre un concejal, un consejero regional, un diputado y un Senador, un Alcalde y un Gobernador Regional, y por ende no estar al tanto de sus atribuciones, y la coherencia entre estas y sus propuestas. Peor aún, una vez que salió electo, jamás me preocupe de como votaba en el congreso o en el concejo municipal, no ejercí control ciudadano alguno, muchas veces me dijo que votaría “a favor” y voto “en contra” y yo ni me entere. Los pseudo políticos, a quienes les permití apropiarse de la política, me convencieron de que dejara en manos de ellos todo, que no me tenía de que preocupar, y les creí y los deje ser, por comodidad, por que era más fácil calificar un buen o mal gobierno, dependiendo de cuantos subsidios me otorgaba. La culpa es mía, pues deje que este sistema me transformara en un ser individualista, poco solidario, que valora al otro por cuanto tiene, o aparenta tener, un ser que mide su éxito por su ropa, su auto, su casa, sus vacaciones en el extranjero.

Y para ese ser en el que me transforme, comenzaron a gobernar, con acciones cortoplacistas, con réditos inmediatos, sin buscar acuerdos de largo plazo entre las diferentes ideologías que beneficien al país. La culpa es mía y tal vez es un poco tuya también.