Con fuerza ha sonado la idea de que, como Nación, nos encontramos ante una oportunidad histórica de Construir una Nueva Constitución, pero ¿es tan así?, pasemos a revisar qué dice la historia al respecto, con todo el respeto que me merecen mis amigos historiadores y excusándome de antemano por la poca profundidad con que abordaré este tema, persiguiendo concitar el interés del lector en el tema, profundizando por cuenta propia un mayor aprendizaje.

Pues bien, a comienzos del siglo XIX, en que comienza nuestro proceso de independencia hemos experimentado una serie de intentos de organizar el Estado, entendiendo que la Constitución es la base de esta organización, los que podríamos agrupar en dos períodos, el primero entre los años 1811 y 1833, en donde tuvimos 8 Constituciones en tan solo 22 años, en donde éstas duraban en promedio 2 años con 9 meses, situación que es inconcebible en nuestros días, pero como país dábamos nuestros primeros pasos de independencia sin tutela alguna, por lo que podríamos decir que fue un período de ensayo y errores.

Posteriormente podríamos identificar un período que va desde el año 1833 hasta nuestros días, en donde solo han habido 3 Constituciones, a saber, la del 1833, la de 1925 y la de 1980, tres en 188 años, la primera dura 92 años, la segunda 56 años y la tercera que lleva 40 años.

La principal característica de la Constitución de 1833, era el establecimiento del sufragio censitario, tal como lo señalaba en su artículo N°8, que daba cuenta de los requisitos para ser ciudadano y que reza: “son ciudadanos activos con derecho de sufrajio los chilenos que habiendo cumplido veinticinco años, si son solteros, y veintiuno, si son casados, y sabiendo leer y escribir tengan alguno de los siguientes requisitos: 1. Una propiedad inmueble, ó un capital invertido en alguna especie de jiro, ó industria. El valor de la propiedad inmueble, ó del capital, se fijará para cada provincia de diez en diez años por una lei especial. 2. El ejercicio de una industria ó arte, ó el goce de un empleo, renta ó usufructo, cuyos emolumentos ó productos guarden proporción con la propiedad inmueble, ó capital de que se habla en el número anterior”, un poco diferentes a los actuales requisitos.

 Luego de 92 años, se elabora la Constitución de 1925, la que impone el sistema de gobierno denominado “presidencialista” (sistema de gobierno que perdura hasta nuestros días) y la separación de la Iglesia del Estado. Y por último la de 1980, promulgada el 21 de Octubre del mismo año, que fue elaborada por una comisión creada por un decreto del Ministerio de Justicia de fecha 12 de noviembre de 1973, 2 meses después del 11 de Septiembre.

Así las cosas, y en mi opinión, efectivamente nos encontramos frente a una oportunidad histórica de poder Construir una Constitución que nos albergue a todos y dé cuenta de las diversidades y matices que conviven en el Chile de hoy y con una proyección de largo plazo que dé estabilidad a nuestro país, pues como ya hemos dejado ver anteriormente, la Constitución es el rayado de cancha, las reglas del juego, y requieren cierta estabilidad en el tiempo, imaginen entrar a jugar un partido de fútbol y que cambien las reglas ¡cada 10 minutos!. De que esta oportunidad se materialice en un instrumento beneficioso para todos, depende de cada uno de nosotros, debemos, como ciudadanos, elegir los mejores hombres y mujeres, con las capacidades técnicas y experiencias de vida para tan importante labor, dejando fuera los fanatismos y extremismos ideológicos, pues la Carta Fundamental debe representar a todos y no solo a la mayoría de turno.

En abril de 2021 elegiremos a esas personas, y como se conforme esta Convención Constituyente es nuestra responsabilidad, que tendrán a cargo elaborar una propuesta de Nueva Constitución, la que finalmente debiera ser aceptada o rechazada mediante un plebiscito que, conforme a la actual planificación, debiera llevarse a cabo a mediados del año 2022. La propuesta final deberá ser consensuada, resultado de los acuerdos que se puedan alcanzar entre los constituyentes, por lo que ideas muy extremas no debieran tener cabida en ella, a menos que aquellos que representan ese tipo de ideas logren una mayoría significativa entre los constituyentes que se elegirán en abril próximo.