El gerente legal de Quiñenco y exministro de Interior Rodrigo Hinzpeter declaró en calidad de víctima hace un año, luego de que el 25 de julio de 2019 le llegara a su oficina una encomienda con una bomba que no alcanzó a explotar. ¿Por qué falló el ataque? Debido a diferentes circunstancias, que no permitieron al abogado abrir el envoltorio, pese a que estuvo “tentado” de hacerlo.

Por estos hechos, la Fiscalía Sur formalizó el pasado viernes a Francisco Solar Domínguez (41), levantándole cargos por homicidio frustrado y lesiones, en el marco de la Ley de Armas. A Solar se le imputó el ataque a la comisaría de Huechuraba, el paquete explosivo a Hinzpeter y la colocación de dos bombas en el edificio Tánica, en Vitacura, el 25 de febrero. En esta última instancia también se le atribuyó participación a Mónica Caballero (32).

El Ministerio Público aseguró que Solar fue hasta las oficinas de Correos de Chile ubicado en Gran Avenida, en la comuna El Bosque, y envió dos encomiendas, sustentando esto en el análisis de más de 100 cámaras, levantamiento de perfil genético desde su casa y su ropa.

El 27 de julio de 2019, cuando el teniente de Carabineros Felipe Ramírez preguntó a Hinzpeter cuál fue su impresión al saber que la encomienda dirigida a él contenía explosivos, la exautoridad respondió “una mezcla de sensaciones, entre temor y alivio; temor por el envío de una bomba y alivio porque no explotó”.

Dijo que ese 25 de julio cerca 8.30 horas llegó a su oficina y tuvo varias reuniones. Aseguró que “en algún momento, salí al baño y pude advertir la presencia de la caja (que contenía la bomba), la cual estuve tentado de abrir, pero por alguna razón me distraje y no lo hice”.

Cerca de las 13.40 horas salió del edificio a almorzar. Fue en ese momento, dijo, cuando “Carolina García, gerente de comunicaciones de Quiñenco, me señaló que había recibido un llamado (…) del subsecretario Rodrigo Ubilla, quien le advirtió que me habían tratado de ubicar y que había sido enviado mediante Correos de Chile, un paquete que tenía una bomba con mi nombre”.

Según los antecedentes de la fiscalía, la bomba llegó a las 10.23 horas a Quiñenco y ahí estuvo casi toda la mañana sin que nadie la abriera. En paralelo, el artefacto enviado a la comisaría de Huechuraba llegó a las 12.44 horas y fue abierto casi de inmediato. Ahí la bomba estalló y la policía acudió a las oficinas de Correos a investigar si es que el mismo remitente había realizado más envíos a otras direcciones. Así fue como detectaron la encomienda a Quiñenco y, debido a esto, Ubilla alcanzó a advertirle a Hinzpeter.

“Al cortar, advertí que tenía llamadas perdidas de Ubilla, a quien llamé y me reiteró lo mismo, añadiéndome que el Gope estaba camino al edificio”, declaró. Comentó que antes del 25 de julio “nunca recibí amenaza y tampoco tengo información de aquellos que pudieran haber enviado esta caja”.

“Terminé en el suelo”

El 6 de septiembre declaró el mayor Manuel Guzmán, quien abrió la encomienda en la Comisaría de Huechuraba y terminó con diversas lesiones. “Al recibirla, tomé el paquete que venía envuelto en un cartón tipo corrugado de embalaje. Lo muevo y leo la etiqueta de Correos, la cual indicaba mi nombre, mi grado, la unidad donde me desempeño, la dirección y el teléfono fijo de esta. En el remitente salía el nombre de una mujer, a quien no conocía (…) en el detalle del contenido decía ‘galvano’”, dijo Guzmán.

Indicó que después “saqué el embalaje de cartón, percatándome que era una caja de madera color caoba (…) le saco el pasador y al abrirla me percato de unos cables y un tubo metálico, sintiendo un ruido como si encendieran un fósforo”. Dijo que vio una “chispa de la cual salía humo blanco, por lo cual me lancé rápidamente hacia la izquierda, sintiendo una fuerte explosión, múltiples quebraduras de vidrio y fragmentos de elementos que impactaban en las paredes y techo de mi oficina, y terminé en el suelo al otro lado del escritorio”. Quedó con doble fractura nasal, trauma ocular derecho y doble fractura en la mano derecha.

“Va a haber una bomba”

Rafael Arévalo (29), garzón en el Café Kant en Vitacura, declaró el 27 de febrero. Dijo que a las 10.40 horas escuchó el teléfono de la cafetería y que cuando contestó, escuchó una voz de una grabación que decía “‘va a haber una bomba en Tánica, tenga cuidado’. Se escuchaba mal por lo que le dije ‘disculpa, se escucha entrecortado’ y la persona que llamaba comenzó a repetir exactamente lo mismo”. Señaló que “al no entender corté el teléfono y seguí realizando mis labores, sin comentarle a nadie de la llamada, ya que pensé que era una broma”.

Primeras diligencias

Cinco días después de los dos primeros ataques, el 30 de julio de 2019, la fiscalía pidió a Gendarmería informar quiénes visitaron en la cárcel a los exlautaristas condenados por el caso en que fue asesinado el cabo Luis Moyano, Juan Aliste Vega y Marcelo Villarroel. Pidieron la misma información sobre Tamara Farías Vergara, condenada por balear a un guardia de un banco y de Joaquín García Chanks, condenado en agosto de 2018 junto a Kevin Garrido (falleció en noviembre en Santiago 1) por un bombazo en la Escuela de Gendarmería.

Ellos son blancos habituales de los equipos de Inteligencia policial, monitoreados en el marco de actividades anarquistas.

Solar y Caballero se enrolaron para visitar a Aliste. Ella también se enroló para ver a Tamara Farías. Incluso, según los registros, Solar lo visitó cinco veces durante 2019 (el 31 de enero, 25 de abril, el 9 de mayo, 13 de junio, 27 de junio) y le llevó una encomienda con comida. Solar también visitó a Villarroel el 22 de junio y el 27 de abril de 2019.

Fuente: La Tercera