Dice Santiago Muñoz Machado que igual que Borges imaginaba una biblioteca universal, él sueña con un libro lleno de ventanas a través de las cuales se pueda alcanzar la información sobre cualquier problema que se plantee. Un gran diccionario al alcance de todos, con todo el conocimiento humano. Por ahora no son más que divagaciones dignas de la ciencia ficción, pero el director de la Real Academia Española (RAE) hace lo posible para materializar esa imagen. Su último paso en esa dirección es el Diccionario panhispánico del español jurídico (DPEJ), un proyecto mastodóntico que él mismo ha coordinado y en el que han participado un total de cuatrocientos cincuenta especialistas durante seis años, y que reúne en una sola página web el lenguaje jurídico que utilizamos los hispanohablantes a los dos lados del charco: más de cuarenta mil entradas para armonizar un solo idioma.

«Yo creo que es la obra más importante que España tiene entre manos ahora mismo desde el punto de vista cultural. La más importante. ¿Qué institución está haciendo una cosa semejante?», comentó, orgulloso, Muñoz Machado a ABC antes de la presentación del DPEJ. Hace tres años se publicaba la versión española y en papel de esta obra: era la primera vez en su historia que la Academia acometía la creación de un diccionario especializado, que ahora se agranda acogiendo las palabras de América y se enriquece con el formato digital. «Teníamos que empezar por el derecho porque es la disciplina que más ha influido en la formación del español (…) Esto redundará en que las empresas cuando inviertan en América podrán tener una mayor seguridad jurídica en lo que hacen, los ciudadanos tendrán mejores garantías de sus derechos y los legisladores tendrán modelos regulatorios a su disposición que podrán permitir armonizar un poco qué políticas hacemos y cómo las regulamos», añadió. En definitiva: una herramienta para expertos y profanos, todos ellos tocados, quieran o no, por el derecho.

Durante la presentación, Muñoz Machado, que conversó con Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, explicó el funcionamiento del DPEJ. Su mayor virtud, dijo, son los hipervínculos con los sistemas jurídicos. Cada entrada del diccionario cuenta con una definición, un ejemplo de uso y, he aquí la novedad, enlaces a textos jurídicos de los diferentes países de la comunidad hispanoamericana donde se utiliza el término en cuestión. El acto, por cierto, también contó con la intervención, entre otros, del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, que destacó la rapidez de la institución para elaborar una obra tan «monumental», y de la vicepresidenta Carmen Calvo, que celebró la utilidad de este diccionario para el «sostenimiento del Estado de Derecho».

Con el DPEJ se inicia una etapa en la RAE dedicada a los diccionarios especializados. A día de hoy el Diccionario acoge unas noventa y tres mil palabras, pero los expertos en materia de léxico dicen que tenemos más de doscientas mil en nuestro idioma. «El Diccionario se ha dejado fuera todo eso, pero ahora con los medios digitales pueden recuperarse. Habrá que ir integrando unos diccionarios con otros, haciendo una gran herramienta que lo comprenda todo», aseveró Muñoz Machado. Lo dicho: un sueño que antes sonaba a ciencia ficción, pero que ahora está cada vez más cerca de materializarse.