A 40 meses de la desaparición de la estudiante japonesa Narumi Kurosaki en Francia, caso en que el único sospechoso es su ex pareja, el chileno Nicolás Zepeda,  el ministro de la Corte Suprema Jorge Dahm acogió la solicitud de extradición presentada por el gobierno galo.

La justicia francesa acusa a Zepeda por el delito de homicidio con premeditación y éste arriesga cadena perpetua.

Tras los alegatos, que tuvieron lugar las primeras semanas de marzo, el juez Dahm acogió la solicitud consideró que los antecedentes aportados por Francia son suficientes para inculpar al ciudadano chileno en el delito, ocurrido en la ciudad de Besancon en diciembre de 2016.

En el fallo, el magistrado concluyó que «es posible estimar que existen antecedentes con fundamento serio, cierto y grave, que permiten sostener que la última persona que estuvo con Narumi fue Nicolás. Después de ello ella desaparece», consigna Cooperativa.

«(Ellos) mantuvieron una relación afectiva que terminó de mala manera tiempo antes, ruptura que no fue aceptada por Nicolás, dado los términos en que se refieren los múltiples mensajes que le dirigió», agregó el ministro Dahm.

Parte de las pruebas presentadas en los alegatos fueron los registros de la tarjeta de crédito de Zepeda y del GPS del auto que arrendó, que se sumaron testimonios de compañeros de la residencia en donde vivía Narumi y de la familia de la víctima.

Por ello, complementa el fallo, «cabe agregar los múltiples desplazamientos que realizaba en Besançon antes de encontrarse con Narumi, como asimismo su conducta después de su desaparición, lo que permite concluir que con tales antecedentes se había dictado una acusación en contra del requerido como autor del ilícito de homicidio calificado».

Asimismo, refutó lo alegado por la defensa «en el sentido de que no hay antecedentes suficientes para ello, especialmente por la circunstancias de no haber sido hallado cadáver, ni vestigios de éste», ya que, expuso el ministro, «de acuerdo con lo que dispone el Código Procesal Penal chileno y disposiciones procesales francesas, es posible probar la muerte de una persona no sólo mediante la presencia de su cadáver, sino que por los demás medios de prueba que franquea la ley».