Desde que se iniciaron las manifestaciones sociales, hace tres semanas atrás, una de las principales demandas que piden los chilenos es el cambio a la Constitución Política de Chile que data de 1980.
Se trata de un tema que genera las más diversas opiniones que van desde aquellos que creen que es necesario y urgente desarrollar una nueva Carta Magna, acorde a la realidad del país, así como también de los que consideran que no es necesario, ni prioritario.
En el medio están aquellos que piensan que la actual Constitución se puede modificar, pero no redactar una nueva.
En este debate además se discute cuál es el mecanismo para elaborar una nueva Constitución entre ellos, el que más se menciona es el de la Asamblea Constituyente. Sin embargo, existen otras modalidades en las que se puede asegurar la participación tanto de la ciudadanía, como la de los legisladores.
Ahora bien, hay que recordar que en la actual Constitución se consideran mecanismos para su modificación o reforma, pero no entrega un mecanismo en el que se permita crear una nueva Carta Fundamental.
En ese sentido, también han surgido ideas de realizar un plebiscito en el que la ciudadanía manifieste si quiere o no una nueva Constitución.
Hasta el momento, todo este debate, de redactar o no una nueva Constitución, está sólo en el ámbito de las ideas y propuestas y dependerá del Presidente de la República, Sebastián Piñera, quien en una entrevista concedida a El Mercurio de Santiago y que salió publicada ayer dijo que, «estamos dispuestos a discutir cambios a la Constitución; de hecho, en nuestro programa de gobierno hay una propuesta de cambios a la Constitución», refiriéndose al actual documento y no a uno nuevo.
Los abogados constitucionalistas entregan sus argumentos respecto de si se debe o no redactar una nueva Constitución Política, cuál debiese ser el mecanismo, entre otras características.
Emilio Oñate decano de la Facultad de Derecho y Humanidades de la Universidad central
-¿Es necesaria una nueva Constitución y por qué?
-Yo si soy partidario y creo firmemente que tiene que haber un cambio a la Constitución, y más que un cambio, tiene que haber una nueva Constitución que se desarrolle a través de lo que se denomina un proceso constituyente. Hay que pensar que nuestra actual Constitución, la de 1980 ha tenido sucesivas reformas del orden de 200 reformas, pero no han cambiado la estructura institucional ni el modelo fundarte de la Constitución.
-¿Cuál es el mecanismo que se debiese usar para el cambio?
-Cuando hablo de proceso constituyente, no estoy hablando de asamblea constituyente, sino que el proceso es todo el camino, el itinerario para generar una nueva Constitución y yo soy de los que cree que el proceso más adecuado, el mecanismo más adecuado podía ser lo que se denomina una convención constituyente, que es un sistema más bien mixto donde concurren parlamentarios designados y ciudadanos elegidos para elaborar una nueva constitución.
Yo no soy tan partidario de una asamblea constituyente porque me parece que ese es un camino que no respeta la vía institucionalidad y yo creo que precisamente parta reforzarla importancia de las instituciones, y la legitimidad de las mismas, es importante en ese proceso constituyente, incorporarla institucionalidad actualmente vigente.
Una vez que esa convención constituyente haya elaborado propuestas, me parece a mi que lo que hay que hacer es someter esas propuestas a un plebiscito donde la ciudadanía pueda votar una nueva Constitución, esa seria como la propuesta de mecanismo que ami me parece la más adecuada.
– En la actual crisis hay muchas demandas¿No todas tendrían respuesta con un cambio a la Constitución?
– Cuando uno habla de las demandas sociales es importante tener presente que esas demandas sociales tienen su expresión en la formulación e implementación de políticas públicas que se ejecutan a través de leyes. Cuando la ciudadanía reclama mejores pensiones o cuando 1 demanda social legítima plantea que hayan mejoras en el sueldo mínimo, todas esas materias son materias de ley y el procedimiento para aprobar una ley, los quórum necesarios para aprobar una ley de este tipo, están establecidos en la Constitución. Además, hay otro elemento que es que la Constitución, y en esto no estoy haciendo un juicio de valor, pero la Constitución como todas tiene una concepción valórica, ideológica, y en el caso de la nuestra, tiene una concepción valórica que promueve el libre emprendimiento, el individualismo eso explica por ejemplo, por qué en Chile prácticamente la mayoría de la prestaciones de servicios sociales salud, agua educación, electricidad están en manos de privados por eso se necesita una nueva.
Natalia González, subdirectora de asuntos jurídicos y legislativos del Instituto Libertad y Desarrollo
– ¿Es necesaria una nueva Constitución y por qué?
-Yo no estoy de acuerdo y no creo que sea necesaria un acto refundacional, porque nuestra Constitución ha experimentado, desde 1980, sustantivas y diversas reformas son más de 200 reformas que han sido aprobadas por el Congreso y han sido promovidas por distintos gobiernos de la Concertación, de la Nueva Mayoría, de la Alianza por Chile y de Chile Vamos. Todos los gobiernos han reformado la Constitución, con todos los distintos Congresos que han habido.
– Nuestra Constitución ¿es reformable? Sí, ¿es perfectible? Sí. ¿Hay que refundarla?
– No, porque nuestra Constitución ha permitido no solamente su perfeccionamiento, sino que además ha permitido durante estos años el desarrollo de políticas públicas que le han permitido a nuestro país avanzar de materias de pobreza, en materias de desigualdad, en materias de crecimiento económico, avanzar hacia el progreso.
-Si no hay que crear una nueva Constitución ¿Cuál es el mecanismo entonces y que se debe modificar?
-Hay reformas de institucionalidad que hay que hacer, por ejemplo a la Contraloría General de la República, el Tribunal Constitucional
El tema constitucional se ha reducido al procedimiento, cómo se reforma la Constitución y tiene una reforma que la debe hacer el Congreso y es súper razonable que la hagan ellos, los chilenos somos todos iguales cuando votamos ahí no hay ninguna diferencia y nosotros mediante votos elegimos a representantes, que por lo demás, si hoy día somos todos iguales, tenemos un congreso para el cual le pagamos para que efectivamente haga la pega, que la institucionalidad le dice que tiene que hacer, cómo vamos a estar creando otro organismo como una asamblea constituyente. Es un despropósito.
-En la actual crisis hay muchas demandas ¿No todas tendrán respuesta con un cambio a la Constitución?
-Hoy día se dice que los temas de la agenda social no pueden ser objetos de reforma si no se reforma la Constitución, eso no es verdad así de claro.
Hoy, hay propuestas para rearmar el sistema de pensión y hay gente que dice y se escucha mucho en el debate público que la única forma de eliminar el sistema privado del sistema de pensiones de AFP es mediante un cambio a la Constitución, eso es falso. La Constitución no regula las AFP, ni las menciona, lo que dice la Constitución en esa materia es que tenemos derecho a la seguridad social y que ha de proveerse un sistema privado y público para efectos de dar cabida a la implementación.
Lo que está ocurriendo hoy día es que hay un sector que quiere instalar que estos son temas debate constitucional y eso no es así, estos son temas regulados por ley por políticas públicas y no por la Constitución.
José Ignacio Martínez, profesor de Derecho Constitución al de la Universidad de los Andes
-¿Es necesaria una nueva Constitución y por qué?
-Como ocurre con cualquier norma, las Constituciones no hacen milagros. No obstante, en atención a que en parte las constituciones tienen una naturaleza política (y también jurídica), en lo que tienen de político poseen un valor simbólico, y en tal carácter deben reflejar ciertos acuerdos fundamentales de la comunidad política, los que la actual crisis social parecen demostrar que son muy débiles.
Sin embargo, se trata de acuerdos de mínimos, no de máximos. Las constituciones maximalistas son propias de dictaduras, de sistemas anti-políticos que prometen traer el cielo a la tierra. En tal sentido, intuyo que a nivel de las fuerzas políticas democráticas de nuestro país, se ha ido avanzando en la convicción de incorporar a la Constitución algunos parámetros de ese mínimo que a lo mejor hoy no están.
-¿Qué se podría hacer con la actual Constitución?
-Si no se optara por una nueva Constitución, sólo cabría reformarla. La versión actualmente vigente es el resultado de muchas reformas, de las cuales las más relevantes fueron las de 1989 y 2005, que le cambiaron su fisonomía de manera profunda. Con la de 2005 se procuró eliminar los últimos enclaves autoritarios de la Constitución original.
En todo caso, hay que hacer presente que, al menos en teoría, el Capítulo XV de la Constitución permite reformar toda la Constitución, y por esa vía también podría darse origen a un nuevo texto constitucional.
-En la actual crisis hay muchas demandas ¿No todas tendrían respuesta con un cambio a la Constitución?
-No puede en la tentación de pensar que la transformación de las legítimas aspiraciones sociales en derechos constitucionales, hará posible su concreción y efectividad, porque no es verdad.
Además de utópico, puede ser una auténtica bomba de tiempo. Y es que incorporar «derechos» para después incumplirlos por no poder financiar su realización, genera primero frustración, y después desprestigio para las instituciones políticas, y la sensación de ineficacia de la Constitución, con el riesgo de que se busquen atajos para su realización, como por ejemplo, el insano e indeseable activismo judicial. No hay que perderse. Las políticas sociales se hacen mediante leyes, no mediante constituciones.

Fuente: El Mercurio de Calama